lunes, 4 de diciembre de 2017

CRÍTICA




INSOLENCIA VIRREINAL
Respuesta a Alvaro Restrepo*





"¿Cartagena se derrumba y los esclavos de rumba?" Así, con esta frase llena de soberbia y descarnadamente racista, el bailarín Alvaro Restrepo da inicio a su diatriba contra las fiestas de Independencia de Cartagena que este 11 de noviembre cumplieron 205 años de celebración popular, en una columna escrita especialmente para el periódico centralista El Tiempo de Bogotá, utilizando un lenguaje excluyente y xenofobico que ratifica la tara discriminatoria que desde los tiempos coloniales sigue intacta en boca de los cartageneros blancos que exudan soberbia y superioridad y que oculta la lacra histórica del esclavista que ha generado e institucionalizado una sociedad de castas en donde solo las clases privilegiadas tienen derecho al placer y a la diversión mientras el pueblo raso debe trabajar día y noche para ellos. Me pregunto si el Colegio del cuerpo dirigido por el señor Restrepo hace parte de uno de estos eximios espectáculos que según sus palabras permiten a la masa acceder a la exquisita superioridad cultural en la que se sitúa el bailarín. ¿Que pensarían de esta humillación neocolonial el escritor, antropólogo y médico cordobés Manuel Zapata Olivella y su hermana Delia Zapata Olivella gran bailarina y folclorista, ambos grandes defensores de nuestra herencia africana? ¡Cultura o barbarie! parece repetir el afamado director ignorando que las tradiciones ancestrales son la fuente en donde beben todas las músicas y las danzas que permanecen en el tiempo. Olvida que las Fiestas de Independencia de Cartagena no son una feria, ni un bazar, ni una festividad cualquiera como despectivamente el pretende demostrar, sino la celebración de un importante hito que el 11 de noviembre de 1811 partió en dos la historia de la ciudad, de la región Caribe y de Colombia. Un carnaval heredero de los cabildos de negros y los toques de tambores que celebraban desde la colonia los hijos de Chango y Yemaya en la ciudad, junto a los areitos que festejaban la herencia de nuestra familia Caribe, celebraciones que se convirtieron en la gran fiesta popular que hace 205 años celebra el día en que Pedro Romero, acompañado de los lanceros de Getsemani, lograron no sólo nuestra independencia absoluta de España y de la Nueva Granada sino la libertad de los negros y mulatos de Cartagena convirtiéndolos en ciudadanos libres con derechos, aboliendo así la humillante condición de esclavos impuesta desde Cádiz por Fernando VII y defendida por la Nueva Granada que continuaba fiel a la monarquia española. Una fiesta centenaria que sigue viva y candente a pesar de la invisibilizacion a la que han querido someterla los cartageneros blancos desde hace más de un siglo, emitiendo normas y decretos que prohibían a "la turba de negros" bailar por las calles de la ciudad con la única intención de ocultar a la Cartagena negra e impedir que "sus movimientos insolentes y atrevidos" perturbaran las buenas costumbres que los blancos cartageneros alentados por el régimen católico e inquisidor que los había satanizado para siempre. Un pecado original que se agiganta de generation en generacion, porque no existe blanco que se respete excento de herencias malditas en una ciudad como esta. Si leemos detenidamente la desafortunada columna de Alvaro Restrepo, publicada -para nuestra desgracia- en un periódico centralista y lo analizamos a la luz de los acontecimientos, vemos como después de un siglo la historia se repite. Y que casualidad que sea ahora, cuando las Fiestas están a un paso de ser declaradas Patrimonio cultural e inmaterial de la nación, vemos cómo sus blancos enemigos regresan como vampiros enardecidos tratando de devorarlas de nuevo. Pero lo que más me sorprende, es que las condenas y recriminaciones que utiliza Restrepo para justificar la prohibición del goce y ordenar el inmediato trabajo forzado del esclavo, sigan desconociendo al esclavista que continúa generando la inequidad social, la desigualdad y la injusticia. ¿Será que el director del colegio del cuerpo pretende domesticar el cuerpo rebelde y festivo de nuestra herencia africana, amanerándolo a la medida de la estética nazi que aborrecía lo popular y amaba la perfección, la pureza y el clasicismo que era para los arios la más sublime expresión de la belleza? Olvida Restrepo que el baile es una de las más fuertes expresiones de resistencia de los pueblos. ¡"Alta cultura" o barbarie! parece repetir. ¿Acaso no es barbarie que la clase alta cartagenera haya perpetuado la ley de castas del pasado manteniendo en la miseria y la ignorancia a las poblaciones más vulnerables de la ciudad? ¿Esa es la cultura elitista a la que se refiere? ¿Con que derecho e insolencia virreinal le ordena al pueblo callar sus cantos, esconder sus picós, suspender sus bailes y amputar sus tradiciones ordenándoles ejercer un trabajo indigno y ocultando la responsabilidad histórica que tienen los cartageneros blancos en la explotación, la segregacion y la criminalizacion de una población con hambre por culpa de su codicia? Es acaso la búsqueda de la igualdad y la exigencia del cumplimiento de todos sus derechos lo que no pueden soportar? Sigo pensando que mientras escribia su airada columna, el señor Restrepo escuchaba plácidamente las Valkirias de Richard Wagner, mientras afuera, en las calles calientes, la algarabia pikotera cumplía con su champetero ritual de hacer gozar a la gente. Es en esa genuina alegría de los negros en donde radica la violenta rabia de los blancos.




Cabildo de Getsemaní. Fiestas de la Independencia de Cartagena.



Muriel Angulo

Cartagena, noviembre 2017