sábado, 28 de febrero de 2015

ARTE, PODER, CENTRO Y RESISTENCIA







ARTE, PODER, CENTRO Y RESISTENCIA
Muriel Angulo


En febrero de 2014, Alexa Cuesta, Helena Martin y Muriel Angulo, artistas pertenecientes a la Comunidad de artistas de Cartagena CAVCA, lanzamos un MANIFIESTO EMPUTAO! dirigido a los organizadores de la I Bienal de Arte contemporáneo de Cartagena de Indias BIACI. En él manifestábamos nuestro profundo malestar por las políticas que se habían implementado en la realización del evento, que iban desde la discriminación, exclusión y desconocimiento de los artistas locales ocasionados por los procesos curatoriales definidos desde el centro del país, hasta la utilización de recursos y espacios públicos del Distrito de Cartagena para el libre desempeño de la BIACI, una empresa cultural patrocinada entre otras por el Ministerio de Cultura de Colombia y la multinacional del entretenimiento RCN, prácticas invasoras que terminaron posicionando el espectáculo del arte cosmopolita y el coleccionismo en detrimento del arte local. La muestra organizada en Bogotá y apoyada por algunas autoridades e instituciones de Cartagena, generó un debate entre intelectuales y artistas, no solo por el daño causado al patrimonio humano y cultural de la ciudad, sino por la exclusión de la mayoría de sus artistas que luego fueron contratados como lacayos del capital transnacional.

Las licenciosas relaciones entre Arte y Poder, ahora reencauchadas por el capitalismo de las industrias culturales, trafican con una falsa identidad globalizada que diluye la particularidad dentro del espectáculo y anula cualquier intento de relación vital con la obra. El acontecimiento artístico se convierte así, en un asunto mas de plusvalía que de conocimiento, ensuciándose de oligarquía, castas y abolengo, algunos de sus mas corrosivos ingredientes. En Colombia las cifras y datos sobre el particular son muy elocuentes: las ganancias van en progreso y el boom mundial de las Ferias de Arte ha despertado una inusitada sensibilidad farandulera, bancaria y financiera nunca antes vista. Ahora son los empresarios coleccionistas guiados por curadores de bolsillo, quienes hacen gala de su recién estrenado olfato de cazadores de talentos con la capitalista promesa de conseguirles un toque de campana en la bolsa.

A su vez, el centralismo colombiano, que ya nos costó una guerra civil entre federalistas y centralistas entre los años 1812 y 1814, no sólo ejerce un agrio control político sobre las regiones, sino que replica institucionalmente su ideología controlando desde el ministerio de Cultura el desarrollo de las mismas, a través de programas diseñados y prefabricados con anterioridad por gestores culturales de turno, legitimando una amañada representación del Otro. En el Caribe colombiano, una región estructurada cultural, ideológica y socialmente desde el Gran Caribe, el problema se agudiza. Su historia, lenguaje, tradición oral y composición étnica guardan una marcada  diferencia  con la  región  de  los  Andes  y el  resto  del  país. Durante  la colonia, la fragmentación social del Nuevo Reino de Granada se había convertido en la mayor característica de su cultura. La dificultad geográfica, la falta de comunicaciones y la conformación racial de sus regiones, hicieron del virreinato un territorio desigual y dividido. La región Caribe “mas que un concepto geográfico, un concepto cultural” como manifiesta el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, sostenía estrechas relaciones con Jamaica, Haití, Cuba y demás colonias españolas, compartiendo relatos e imaginarios que la alejaban cada vez mas del ideal del poder andino. Según el historiador Alberto Múnera “El centralismo colombiano creó la imagen de un Caribe-frontera, espacio donde estaba ausente un orden reglado”. Ya para ese entonces, los ensayos de Francisco José de Caldas afirmaban que las costas eran territorios malsanos, poblados por “negros y mulatos salvajes e indisciplinados” a diferencia de los habitantes de los Andes que según su teoría eran individuos moral e intelectualmente superiores. Una construcción simplista acuñada desde el más retardatario pensamiento andino, responsable tanto de la fragmentación regional como de la satanización del pensamiento diferente.

A finales del siglo XVII y comienzos del XIX, los enfrentamientos comerciales entre Santafé de Bogotá y la Heroica se intensifican, hasta que en el año de 1811 Cartagena de Indias logra independizarse de la Nueva Granada y de la Corona española, convirtiéndose en República hasta 1815 y volviendo a formar parte de la nación andina en el año de 1832, después del sitio de Morillo y de la Gran Colombia. Mientras los cartageneros siguen vinculados al Gran Caribe, la élite de la ciudad liderada por Rafael Núñez, renuncia a su historia libertaria y en alianza con los sectores más rancios de la aristocracia santafereña, centraliza el poder en manos de la oligarquía decimonónica. Es así como el gobierno de Núñez intoxicado de Regeneracionismo, decide reemplazar la Constitución federal de 1863 por la Carta de 1886, consolidando el centralismo de Estado, la “restauración” política y económica del país y la unión Iglesia-Estado, una cruzada conservadora que desataría “La Guerra de los Mil Días” entre liberales y conservadores, inaugurando el oscuro y sombrío amanecer del siglo XX.

Desde entonces y hasta el día de hoy, el país sigue negando su diversidad, sus imaginarios y sus cosmogonías. En lugar de beber del saludable manantial de las diferencias, hemos emprendido innumerables luchas intestinas exterminando la diferencia, expulsando de sus territorios ancestrales a comunidades negras, indígenas y mestizas, para catapultarlos de multinacionales blancas. En nuestro delirio por armar un metarrelato nacional, nos hemos desgastado en inenarrables guerras patrioteras y partidistas, que se suceden en el tiempo unas a otras sin develar el verdadero origen de nuestros odios y del afán histórico por desaparecer al Otro. En lugar de aprender de la bastarda hibridez de nuestra cultura, luchamos por un país homogeneizado, que llama al orden, a la disciplina, a la verdad única, al monoteísmo, al rigor del método. Despreciamos nuestro adulterio racial porque maldecimos al extraño que llevamos dentro. No hemos inventado aún  la  manera  de  mirarnos  a  los  ojos sin  que luego no  huyamos  a  refugiarnos  en nosotros mismos, asfixiados en nuestras propias contradicciones.

Cuando nos acercamos al pasado y al presente de la historia de Colombia entendemos porque es tan difícil cumplir con esta utopía de armar desde lo sensible un territorio imaginario y la necesidad imperante de tratar una y mil veces de hacerlo. Y es por eso que cuando hablo de Arte, lo último que me interesa es el Arte mismo: porque son sus costuras, las correcciones de hilo que equivocan la puntada, la suciedad de su revés y el nudo que la sostiene, la baraja existencial que modifica su devenir. De la misma manera en que nuestros relatos personales y colectivos beben del absurdo de nuestra realidad política y social, nuestros deseos se asfixian insertados en un centralismo que los regula y un internacionalismo que paga cualquier suma por sacar provecho de ello. Por eso es tan importante alzar la voz desde las regiones, porque en esa revitalización de los acontecimientos locales y particulares es donde el lenguaje nos delata, se rebela y recobra su poderosa vitalidad.

“Internacional, Nacional, Regional”. Una duda semántica que oculta la verdadera cuestión, la sustancia de lo que todavía no somos “No lo uno o lo otro, sino lo uno y lo otro” dice Tzvetan Todorov. Nuestra identidad no puede seguir siendo moldeada desde los aparatos de poder y tirada a cabestro por una nómina de curadores ministeriales en búsqueda de un metarrelato nacional inexistente. Porque si no hablamos ahora, alguien va a hacerlo por nosotros. Pensarnos a nosotros mismos, para luego polinizarnos entre todos. Y es ahí cuando el artista debe decidir entre dos caminos: elevarse como las pájaros y ver el mundo desde lejos, tan intangible como en sus incontaminados sueños o actuar en consecuencia. Porque hablar de Arte, Centro, Poder y Dinero, es hablar de Resistencia.


Bogotá, ASAB noviembre de 2014.


Bibliografía
Tzvetan Todorov. Nosotros y los Otros. Siglo XXI Editores. España 2013.
Edward W. Said. Orientalismo. Random House Mondadori. España 2004.
Néstor García Canclini. Culturas Híbridas. Editorial Grijalbo. México 1989.
Max Horkheimer y Theodor Adorno. La industria Cultural. Iluminismo como mistificación de masas. Buenos Aires1998. Versión digital.
Jaime Angulo Bossa. ¡Viva el 11! 2011. Bicentenario de la Independencia Nacional. Casa Editorial S.A. Cartagena 2011.
Alberto Múnera. El fracaso de una nación. Editorial Planeta Colombiana S.A. 2008.
Jorge García Usta. ¿Cómo reforzar la identidad Caribe de Cartagena?.Observatorio del Caribe colombiano. Cámara de Comercio de Cartagena 2002. Versión digital.
Kevin Power. Problemas de Identidad. Pensar-Componer/construir-Habitar. Editor Francisco Jarauta. España 1994. Versión digital.
Sergio Ramirez. El Caribe somos todos. EL País, edición impresa, septiembre de 2001.














CONTRA BIENAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO DE CARTAGENA 2014 BIACI



MANIFIESTO EMPUTAO!
Lanzamiento
Plaza del pozo de Getsemaní, Cartagena de Indias. Febrero de 2014
En uso de la obra de Satch Hoyt "Say It Loud".
Las meninas emputás






MANIFIESTO EMPUTAO!
CAVCA Vs BIACI
 ROUND 1
 
El debate que se viene planteando en torno a las políticas y acciones de la I Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Cartagena de Indias, BIACI, a realizarse de febrero a abril del 2014, demuestra que existe una visión centro/periferia que hoy por hoy, está más viva que nunca. Sucede ahora, cuando se evidencien las viejas prácticas institucionales de invisibilización, exotización, parcialización, y desconocimiento del arte local, a través de procesos curatoriales centralistas y colonizadores que continuan siendo definidos por las fuerzas del mercado globalizado. Ante dichos acontecimientos, la membresía activa de la Comunidad de Artistas Visuales de Cartagena y Bolívar (CAVCA) nos declaramos en resistencia y manifestamos nuestro rechazo a las siguientes políticas excluyentes:

1- INVISIBILIDAD Y EXCLUSIÓN. Al no ser respondidas nuestras peticiones de visibilidad e inclusión del arte local en la programación de los eventos culturales propuestos por la organización de la bienal, la BIACI se convierte en un evento impositivo, colonialista y hegemónico, una industria cultural mediática que desconoce la particularidad de nuestra cultura imponiendo su mirada extranjera, en una clara demostración de desprecio por la diferencia.

2- DISCURSO CRÍTICO Vs MERCADO DEL ARTE. El peligroso vínculo entre Arte, Poder y Mercado que da vía libre al posicionamento de un arte para coleccionistas, cuyo fin último es desarticular el discurso público, crítico y contestatario del artista. ¿Acaso el arte sólo sirve para confinarse en el mausoleo de un coleccionista? 

3- EL CENTRALISMO. Las investigaciones y curadurías que desde el centro ejercen un sistemático desconocimiento del arte local y/o periférico, cuyo propósito es, paradójicamente, subestimar la diferencia  al tiempo que se lucra de ella. 

4- EL DESPRECIO POR EL CONTEXTO LOCAL. Las prácticas discriminatorias de los organizadores de la Bienal, que ante el desconocimiento del contexto local del arte cartagenero, de su gente y de su territorio, no permiten que el arte opere como agente restaurador del tejido social y de la vida.  

5- LA USURPACIÓN. La utilización del nombre de Cartagena de Indias, así como de recursos públicos a través de la ocupación de infraestructuras públicas, edificios patrimoniales y espacios patrocinados con dineros del Distrito de Cartagena, la Gobernación de Bolívar y/o Ministerio de Cultura, durante los tres meses de duración de la Bienal, un evento de carácter privado que privilegia el culto al “gran artista”, a la empresa cultural y al coleccionismo  mientras desconoce la Otredad e ignora el contexto local, sus artistas y su territorio. 

6- LA IMPROVISACIÓN. La falta de eficacia del comité organizador de la BIACI, al no haber convocado oportuna y públicamente, por lo menos con un año de gestión, difusión, participación y evaluación, a los artistas y académicos de la ciudad, hecho que habría evitado la improvisación y el desdén con el que fue resuelta la convocatoria, cuyo resultado fue una exigua participación de artistas locales frente a la exclusiva pléyade de artistas internacionales invitados.

7-  EL ABUSO DE PODER. El poder discriminatorio que la BIACI -patrocinada por entidades privadas, élites colombianas y medios masivos de comunicación- ha puesto en marcha para implantar un proyecto cultural ajeno, desconociendo al Otro y a su territorio e ignorando de manera grave la dinámica de la ciudad y de su gente.

8. EL PATERNALISMO. Las prácticas proteccionistas y el tratamiento subalterno  que se le ha dado a la ciudad, a sus artistas y a su gente, bajo el lema centralista de “enriquecer el escenario artístico de Cartagena", demuestran un gran desprecio por las artes plásticas y visuales locales y un nulo interés por restablecer los vasos comunicantes entre Arte, contexto y sociedad. 

ANTE ESTAS PRÁCTICAS HEGEMÓNICAS:
Rechazamos a la BIACI por ser un evento privatizado, elitista, mediático e invasor y exigimos unas prácticas curatoriales regionales y locales, integradas por curadoras y/o curadores competentes, conocedores de la calidad y la diversidad del arte que se realiza en el Caribe colombiano; profesionales que ejerzan su oficio con independencia, que rompan con esquemas dominantes, lejos de la mirada sesgada, centralista, invisibilizadora y exotizante del Otro.
Pedimos explicaciones a las entidades territoriales e instituciones culturales de la ciudad por la permisividad y complicidad con que se gestionaron las locaciones e infraestructuras físicas patrocinadas con dineros públicos para el advenimiento de la agenda del evento.

C.A.V.C.A.
CARTAGENA 7 DE FEBRERO DE 2014








MANIFIESTO EMPUTAO! 
El público hace lectura durante su lanzamiento
 Plaza del pozo de Getsemaní, Cartagena de Indias. Febrero de 2014
 En uso de la obra de Satch Hoyt "Say It Loud"





POR LA PLATA BAILA EL PERRO


  
Esta frase champetúa podría resumir la discusión que se ha venido dando desde hace varios meses en torno a las políticas discriminatorias de la Bienal de RCN, más conocida como I Bienal Internacional de Arte de Cartagena de Indias, BIACI. Desde sus inicios, los organizadores del evento, en una clara actitud de arrogante altanería, afilaron sus dientes y sacaron las uñas a través del lanzamiento de una amañada convocatoria que prendió las alarmas de los artistas locales. Ante esta pelada de cobre de los coordinadores de la exposición, varios artistas cartageneros –entre los cuales me encuentro- decidimos conformar el grupo CAVCA (Comunidad de Artistas Visuales de Cartagena) con la clara intención de evidenciar la inconformidad que nos producían las prácticas de exclusión que comúnmente se ejercen desde el país andino; fue así como acordamos una cita con Natalia Bonilla Maldonado, directora de la Fundación Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Cartagena de Indias, para manifestarle personalmente nuestras inquietudes. Sin embargo, como sucede siempre que nos atrevemos a mirar de frente al contrincante, su actitud fue batear de foul, situarse fuera del campo de juego y asumir una actitud de víctima acusándonos de armar una encerrona para atacarla. “¡Ja! qué artistas tan resentidos!” debería estar pensando la señora directora (risas). Hasta aquí nada extraño, puesto que así funciona el poder. Sin embargo, en vista de que los ánimos estaban candentes y sulfurosos, decretamos una tregua para enviarle por escrito nuestras solicitudes, y así darle tiempo a la organización BIACI de estudiarlas para que luego de unos días, presentaran su propuesta. Es evidente que la respuesta nunca llegó; pero lo más sorprendente sucedió mas adelante, cuando nos enteramos de que las solicitudes formuladas por el grupo CAVCA, se estaban implementando poco a poco en la ciudad, sin previa comunicación a los artistas proponentes. ¿Increíble? Nooo! así opera el capital! Mientras el cinismo neoliberal se apropia de las ideas ajenas, el poder ordena a los medios de producción que las ejecute. Nuestras propuestas sobre el manejo de la Bienal frente a temas tan sensibles como la articulación social de la Cartagena periférica, así como la realización de charlas, talleres artísticos y pedagógicos con comunidades, y la participación de estudiantes de la UNIBAC (Institución Universitaria Bellas Artes y Ciencias de Bolívar) como auxiliares en gestión, producción, montaje, logística, guía de exposiciones, etc., habían ido a parar a su agenda empresarial. “Responsabilidad social”, afirmarán ellos; y como “por la plata baila el perro”, su siguiente paso fue contactar a los artistas locales para que prestaran sus servicios y conocimientos a la empresa RCN-BIACCI, una lógica neoliberal que promueve la libre empresa en detrimento de los vínculos sociales y la dignidad humana. Porque recordemos: Business are Business y punto!. Hoy día, a pesar de la deserción de algunos integrantes del grupo CAVCA, Alexa Cuesta, Helena Martin y yo, seguimos resistiendo; situación que demuestra el poder de vasallaje económico y político al que nos enfrentamos, que sin hilar muy delgado, es el mismo que con sus prácticas clientelistas, ha desestabilizado por años a Colombia. El debate sigue vivo, pero los medios se encargarán de silenciarlo. La estrategia empresarial que desconoció desde el comienzo la dinámica de la ciudad y de su gente, sigue enmarcornada con los procesos curatoriales ejercidos desde el centro y continúan en la tarea de fetichizarnos y exotizarnos, ahora en colaboración con nuestras propias instituciones. Asunto grave, si recordamos que en el marco de la globalización, la identidad cobra un enorme sentido en cuanto a construcción cultural "y espacio de intervención y acción social en el que las relaciones de poder se establecen y desestabilizan", como afirma el jamaiquino Stuart Hall, cuyas investigaciones se sitúan también frente a la discriminación que ejercen las élites a través de las artes, la literatura, la historia y los medios de comunicación, cumpliendo una función ideológica dentro de las sociedades contemporáneas. La embestida cultural continúa. El comunicado que emitió el colectivo CAVCA sobre aquello que creemos debe ser una Bienal social e incluyente, fue desconocido. La pregunta sobre la posibilidad de que la BIACI estuviera gestionando apoyos y recursos públicos y proporcionar el nombre de las entidades públicas que -de ser cierto- les estarían dando su apoyo, tampoco fue resuelta. Es importante recordar que "una iniciativa privada" no puede ser una patente de corzo para visibilizar e invisibilizar culturas, artistas y discursos al antojo de los gestores de turno, peligrosas decisiones encaminadas a subestimar procesos sociales a favor de otros, evidente política de la Bienal. Debemos conocer que el Arte, al lado de la droga y las armas, es uno de los tres mercados no regulados del mundo capitalista para entender por donde va el agua al molino. El Arte no es sólo un acto estético: es una poderosa herramienta de conocimiento y de sentido. El Arte nos revela la forma en que construimos nuestra identidad y nos relacionamos con los otros; el Arte delata, transgrede, duda, habla de lo que no se habla. En palabras de Deleuze, una acción política, un acto de resistencia, un acontecimiento. Y es allí donde reside su peligro, y el furioso afán por domesticarlo.

Muriel Angulo
CAVCA
Noviembre 2013



CARTELES 

Muriel Angulo 
Montajes

2014
 

























MEMORIAL DE AGRAVIOS
Muriel Angulo 
Montajes

2014
 

  





































DE LO PRIVADO Y LO PÚBLICO EN LA BIENAL DE ARTE DE CARTAGENA
Discusiones en la red
 Textos Muriel Angulo




6 de septiembre 2013
En esta discusión existe una peligrosa confusión: "una iniciativa privada" no es una patente de corzo para visibilizar e invisibilizar artistas, discursos o participantes al antojo de quienes organizan este evento -ni ningún otro- ni para invitar por debajo de cuerda a quienes por una u otra razón les convenga: mas aun, cuando dichas decisiones están siendo tomadas por funcionarios pagados por el estado, en el caso de los asesores colombianos. Me pregunto: es común el uso de esa puerta giratoria que de lo público lleva a lo privado y viceversa, en el Arte colombiano?


Miércoles11 de septiembre 2013
Triste escenario. Si la definición de arte a la que te refieres es la obediencia, la reverencia, el unanimismo, la aceptación ciega de los mandatos de una institución conservadora y decadente como es la institución de arte colombiana, me declaro en asamblea permanente y en subversión progresiva. Ya lo dije antes: los funcionarios a saber, se compran un traje nuevo, leen a Deleuze, debaten sobre Foucault, citan a Marx, recomiendan a Zygmunt Bauman, pero a la hora de los desacatos, y los cuestionamientos, actúan de manera reaccionaria y utilizan su status institucional y académico en contravia de sus conocimientos: hablan de horizontalidad, pero su mirada vertical los delata. Debatir es el primer mandamiento de la resistencia, y afortunadamente, después de la Revolución Feminista, las mujeres resistimos, y hablamos duro. Y no se trata de un conflicto femenino como peyorativamente llamas a nuestros reclamos, sino de un derecho históricamente ratificado a través del arte, la poesía, la literatura, la ciencia, las ciencias sociales, la política y las luchas populares. De todos es sabido que en el marco de la globalización, la identidad cobra un enorme sentido en cuanto a construcción cultural "y espacio de intervención y acción social en el que las relaciones de poder se establecen y desestabilizan"' como dice el jamaiquino Stuart Hall, uno de los mas brillantes fundadores de los Estudios Culturales, cuyas investigaciones se sitúan frente a la discriminación y la cuestión de identidad como construcción cultural, y en el poder que las élites despliegan a través de las artes, la literatura, la historia y los medios de comunicación, cumpliendo una función ideológica dentro de las sociedades contemporáneas. Por eso es una afrenta contra la comunidad de artistas y académicos del Caribe, el hecho de que sea una académica de la región central de Colombia, quien abra este ciclo de charlas como antesala de una Bienal acusada de centralismo y discriminación, y me molesta profundamente que el debate se haya abierto haciendo caso omiso a nuestras bien fundadas críticas y requerimientos. No es ético ni es honesto, y lo considero un acto de violenta imposición. Por eso, te exigimos respeto al referirte a la Academia que se hace en el Caribe, y recordarte, que para hablar de arte no es necesario referirse solo al arte, mas aun cuando los procesos trasversales de conocimiento nos descubren un universo fertilizado de muchas otras maneras. Por ultimo, reiteramos nuestro derecho a ser oídas, aunque tu sigas defendiendo al poder de turno.


 
Viernes 13 de septiembre 2013

Esto es lo que sucede precisamente cuando se implanta un proyecto ajeno desconociendo al Otro y su territorio, e ignorando de manera grave la dinámica de la ciudad y de su gente. Es una política invasora y así lo sentimos. La ausencia de un trabajo de campo previo, que les hubiera proporcionado las herramientas necesarias para resolver todos estos interrogantes, ha generado justificadas alertas dentro de la comunidad. Con esa desafortunada omisión se ha desperdiciado una magnifica oportunidad tanto para artistas, académicos y curadores del Caribe colombiano, como para el cartagenero ajeno a estos proyectos, que con su intervención habría podido aportar y enriquecer el evento. Respecto a la charla de Natalia Gutiérrez, titulada "Que hacen los artistas hoy?", tu comunicado invitando a la misma, dice textualmente: "Espero nos acompañen en esta actividad previa de la Bienal de Cartagena. Es este viernes a las 5pm en la Casa de Bolívar", en donde de manera automática vinculas la charla a la discusión. Mas claro no canta un gallo. Es mas: podría hablarse de un modus operandi internalizado y naturalizado dentro del medio. Y es ahí en donde entra la polémica Centro/Periferia: un grupo de curadores y empresarios deciden organizar una Bienal de Arte -el único evento que le faltaba a la Heroica, después de los Festivales de Música, Cine y Literatura- pero "se les olvida" que esa ciudad tiene un cuerpo de artistas y académicos, y una ciudadanía que hay que consultar y proponer, si de un evento serio se trata. Pero ante semejante olvido, deciden que el apoyo debe venir no solo del extranjero, sino de su sinónimo nacional, que es el Centro. De tal manera, que por omisión y desconocimiento de los organizadores, el Caribe queda definido como "un lugar en donde se baila, pero reina la ignorancia". Es así como la pregunta sobre la que debía haberse organizado la Bienal, nunca se hizo. Que no se nos olvide: la política Centro/Periferia, es la manera como se resuelven todas los asuntos en Colombia y en el mundo. Y la Institución Arte ahora apalancada por el poder empresarial, es parte sustancial de lo mismo.








¿EL NUEVO TRAJE DEL EMPERADOR?


El debate que se ha planteado en torno a las políticas de la Bienal de Arte de Cartagena, demuestra que existe una visión centro-periferia que hoy por hoy, está más viva que nunca. Es claro que si el grupo CAVCA no hubiera reaccionado ante esta situación, los planes de invisibilización habrían seguido adelante, y el traje del emperador habría sido alabado y aplaudido sin ningún recato ni pudor, un viejo comportamiento oficializado en nuestro medio. Pero, como “no hay mal que por bien no venga”, pienso que la situación creada, nos ha dado una oportunidad de oro para visibilizar, cuestionar y por ende modificar las políticas que desde la institucionalidad han venido conformando un arte para coleccionistas, claramente diseñado para insertarse dentro de los circuitos del poder globalizado, que como cualquier multinacional ha condenado a migrar a gran parte de la pluralidad de voces que conforman nuestra diversidad, en este caso, la del Caribe colombiano. El pensamiento centralista de Colombia aún no ha podido reconocer al Otro: existe una incapacidad premeditada, que nos hace recordar a la Patria Boba, época durante la cual Cartagena, cansada de las imposiciones que se hacían desde Santafé de Bogotá, decide romper con el Virreinato que se ejercía desde España. Creo que es hora de mostrar nuestro descontento por los procesos curatoriales ejercidos desde el país andino, dirigidos a menospreciar la singular manera que tenemos de relacionarnos con nuestra cultura. A esos que con su paternalismo tratan de exotizarnos, queremos exigirles mayor rigor en sus investigaciones, y recordarles que en el Caribe, también se hace Academia. Como artista cartagenera, invito a artistas y académicos del Caribe colombiano para que investiguen sobre la precaria relación entre centro y periferia, con la intención de organizar una muestra alterna a la centralista organización de la Bienal, que de manera astuta ha utilizado el nombre de Cartagena, aprovechando no sólo su condición de ciudad histórica, patrimonio de la Humanidad, sino, beneficiándose del sitio impuesto por las élites del poder local y nacional, sin antes haber convocado de manera pública, y por lo menos con un año de anticipación, a los artistas y académicos de la región, de manera tal que hubieran contado con el tiempo suficiente para desarrollar sus proyectos. Al menos de que, como es la costumbre, todo haya sido organizado a Sotto Voce.

Muriel Angulo 
30 de agosto 2013