lunes, 14 de diciembre de 2020




COLOMBIA ES CULTURA 









Ahora resulta que las empresas privadas, después de suplantar el estado, apropiarse de lo público, usufructuar a manos llenas de lo nuestro, incentivar la codicia, concentrar Ia riqueza en pocas manos, pagar sueldos de hambre, alterar el medio ambiente, profundizar la brecha social, provocar cultivos ilícitos a manos de campesinos sin cosecha y con hambre, impulsar el desplazamiento, producir miseria, violencia, desigualdad, muerte e intensificar la guerra, llenarse los bolsillos y coronar sus negocios con nuestro propio dinero, deciden auto nombrarse protectoras y benefactoras del arte y la cultura, con el fin de poner el conocimiento al servicio de una élite privilegiada. Si eso es así, sería igual a decir que lo que intentan es lavar dinero a costa del conocimiento y el pensamiento crítico de artistas e intelectuales, cuya aceptación estaría condicionada a la buena imagen que del régimen y sus financiadores construyan los elegidos. Es decir de su silencio. Mephistófeles o venderle el alma al diablo. Ser o no ser. La premisa que dice que el pensador y el artista sólo pueden ser libres en la medida en que no añoren la corona ni la alfombra roja del poder.

Muriel Angulo 

14 de diciembre 2020

lunes, 16 de noviembre de 2020

LA EXPULSIÓN DEL PARAÍSO

                        De la serie "Tendrás que matarme para vencerme" 2017


Cartagena, la Heroica, la siempre rebelde, la histórica mayor, hoy no es más que el resultado de la usura, la rapiña, la mafia, la decadencia, el lagarteo y el fracaso del estado colombiano. El "Fracaso de la nación", lo llamó con lúcidez el historiador cartagenero Alfonso Múnera, en la obra que lleva su mismo nombre. A Cartagena la saben patrimonial, bella e indefensa, por eso la violentan en todos sus rincones, es miel para el capital. Los buitres la rondan. La despojan, la saquean, son aves de carroña. Su oficio es el despojo, la expulsión del paraíso. ¿En dónde están ahora? ¿En dónde está esa clase dirigente, petulante y pretenciosa que se jacta de llevar el "desarrollo y la prosperidad" a la ciudad, que invade tierras para llevantar palacetes mientras destierra a sus dueños ancestrales para que malvivan y mueran de hambre, desempleo, violencia y subdesarrollo lejos de sus miradas financieras? ¿En donde están aquellos que tanto alardean de sus encantos ahora que la Heroica nada en sus aguas y el Mar Caribe viene por lo suyo gracias a la codicia de propios y ajenos por poseerla, desflorarla y someterla? Que tire la primera piedra el gobierno central colombiano que desde la colonia ha sido el más traicionero de sus amantes, el mismo que ha sabido apuñalearla una y otra vez por la espalda gracias a la canalla complicidad de algunos indignos cartageneros que han vendido sus tesoros a la mafia del capital. ¿En dónde están? ¡Ahora no vengan com promesas ni lloriqueos! ¡Ni pa´l putas vamos a creerles! ¡Que se larguen! ¡Reinen malditos, pero en otra parte! ¡Lárguense de nuestra tierra! Porque aquí solo han traído lastre, exclusión, miseria, hambre, humillación, ignorancia y barriles de oro para las mafias que beben de nuestro patrimonio. ¡No vuelvan! Porque aquí estamos los cartageneros orgullosos de nuestra herencia Caribe, Zenú, Bantú, Congo, Carabalí, Angola y toda la rebeldía guerrera encarnada en el cacique Karex, en nuestro rey Benkos Biohó, en Pedro Romero el lancero mayor de nuestra Independencia y en tantos otros que a diario luchan por el muntu de sus ancestros. Porque ese es el verdadero sentido de las Fiestas de la Independencia que desde 1811, hace 209 años celebramos cada 11 de noviembre: Bailar para gozar, para ser, para rebelarnos, exigir y resistir. 


Publíquese, comuníquese y cúmplase.

Muriel Angulo

16 Noviembre 2020.


 

viernes, 2 de agosto de 2019

VACIAR EL ALMA PARA POSEER EL CUERPO




 Petrona Martínez y Ceferina Banquez, cantadoras de Bullerengue
Bolívar



Dicen las malas lenguas que uno de los mandamientos del capitalismo salvaje y la derecha planetaria es convertir la cultura en espectáculo, brillarla, empaquetarla y después de emperifollarla, venderla como fulgurante estrella de la industria del entretenimiento: Vaciar el alma para poseer el cuerpo, una sentencia que nos habla del lugar de la voluntad y las querencias y que resume el sentido de la vida. Ellos saben que en la cultura y el arte está el magma del conocimiento, la identidad de un pueblo, su territorio y lo mas importante: su lugar de resistencia. Por eso, la Economía Naranja, un proyecto neoliberal de grandes fauces, llamado así, de manera cool por un equipo de marketing que sabe de sobra lo que quiere, no es otra cosa que la propuesta indecente del régimen neoliberal colombiano para utilizar nuestros saberes ancestrales, artísticos y patrimoniales, capturar lo que somos y coronar un buen negocio. Y bien redondo. Por un lado, porque los dueños del botín acumulan ingentes sumas de dinero a costa de la explotación comercial de nuestras tradiciones y por otro, porque al saquear la cultura de nuestros pueblos se apropian de la memoria ancestral que les pertenece y los hace dueños legítimos de una cosmovisión y de un territorio, un talismán que los inmuniza contra el cáncer de la homogeneización y la globalización capitalista. Y es por eso que en la región Caribe estamos en guardia: nuestras creencias y saberes funcionan como un gran sistema desbordante y barroco que exalta la palabra, encarna en música y en frenesí de baile y sale del cuerpo para retornar a la oralidad de la palabra, la forma más natural y humana de narrar la vida. Porque una lengua y una cultura son una visión del mundo. Por eso, nuestro mayor patrimonio es lo que somos, más importante que nuestros castillos, estatuas, fortificaciones y murallas, que sin el vigor de nuestra tradición oral, sin nuestra africanía, el sonar de nuestros tambores y nuestros areitos, los cuerpos que los bailan y los poetas que los narran, no serían mas que convidados de piedra en un desbordante festín de dioses. Y es allí donde reside nuestra resistencia.



Fiestas de la Independencia de Cartagena




Después de leer el texto del proyecto Economía Naranja, una oportunidad infinita de Iván Duque Márquez y Felipe Buitrago Restrepo –un coqueto y atractivo manual neoliberal de cómo volverse millonario a través de la comercialización del patrimonio cultural y el arte de los pueblos y detenerme en la semántica de supermercado utilizada por estrategas, publicistas y empresarios, así como en algunas frases y expresiones de algunos artistas, escritores, filósofos y pensadores descontextualizadas y metidas a la fuerza para vendernos las mieles de la Economía Naranja, observé cómo poco a poco el proyecto relampagueaba convirtiéndose en la estrella de la noche, la solución esperada para lograr los sueños en este reñido mundo de hoy: un darwinismo social que privilegia la competencia sobre la solidaridad como principio de la evolución humana: el hombre lobo para el hombre, la lógica del mercado aplicada a la vida, vender arte, cultura y conocimiento como si fueran perros calientes o condones, someter el patrimonio intangible al negocio de compra-venta de un mercader. Es así como la Economía Naranja se revela como un proyecto neocolonial, un negocio hecho a la medida de la gula corporativa, que utiliza la cultura poniéndola al servicio del marketing empresarial saqueando a su antojo la memoria de los pueblos, muchos de ellos desplazados de sus territorios y nuevamente despojados de sus conocimientos y saberes gracias a esta maniobra empresarial: Vaciar el alma para poseer el cuerpo. Por eso es necesario que los colectivos de artistas de Cartagena y la región Caribe asumamos en carne propia la custodia de nuestras prácticas culturales y artísticas ante el riesgo que significa la comercialización que se avecina. Nos espera una larga y compleja batalla si queremos evitar que nuestros imaginarios se conviertan en simples transacciones financieras con el beneplácito de aquellos que deciden venderle el alma al diablo para gozar de los cacareados quince minutos de fama. Algo que no estaría lejos de suceder si tenemos en cuenta las escasas oportunidades existentes en los pueblos de la región Caribe, reconocidos históricamente no solo por su cimarronaje, sus luchas libertarias, su tradición oral, cantos, músicas, danzas y cultura sino por la desigualdad, exclusión, aislamiento y pobreza resultado de un estado centralista que los asfixia. Por eso, antes que se hunda definitivamente el barco y se ferien nuestros cantos, la región Caribe debe impulsar una educación que fortalezca el conocimiento de nuestra historia, para adueñarnos de ella y evitar que nuestras tradiciones vernáculas se conviertan en bienes y servicios de la industria del entretenimiento. Un proyecto con miras a construir una conciencia cultural que actúe en defensa de nuestros saberes preservándolos de la homogenización y mercantilización de las empresas que van a seguir insistiendo en el negocio de la cultura como simple diversión y esparcimiento.



Kombilesa Mi. San Basilio de Palenque.



¿Pero, por qué es el estado colombiano quien propone la privatización de nuestros bienes culturales? Nadie ha contestado esta pregunta. Recordemos que en los artículos 70, 71 y 61 de la Constitución de Colombia, la cultura está consagrada como parte esencial de los Derechos humanos, una ley heredada de las revoluciones socialistas de comienzos del siglo XX, hecha para contrarrestar las injusticias causadas por la revolución industrial que beneficiaba a los dueños de los medios de producción sobre los derechos de los trabajadores. Es así como la constitución colombiana ordena al estado facilitar el acceso y el fomento a la cultura, al conocimiento, a la expresión artística y a la ciencia protegiendo la propiedad intelectual. Pero ese mandato brilla por sus ausencia. Sin embargo, existen leyes universales que lo ratifican. En el año 2002, el Director General de la UNESCO, Koïchiro Matsuura al presentar la Declaratoria Universal de la Diversidad Cultural durante la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible en Johannesburgo, afirmó: De esta manera queda superado el debate entre los países que desean defender los bienes y servicios culturales que, por ser portadores de identidad, valores y sentido, no deben ser considerados mercancías o bienes de consumo como los demás, y los que esperan fomentar los derechos culturales, pues la Declaración conjuga esas dos aspiraciones complementarias poniendo de relieve el nexo causal que las une: no puede existir la una sin la otra. Pero en un país como Colombia, donde los negocios como la Economía Naranja  promueven los huevitos de la confianza inversionista violando los derechos de los ciudadanos, cuentan con la complicidad de las instituciones, el respaldo de los medios y muchos funcionarios dispuestos a disimularle el caminado a este entuerto anticonstitucional y jurídico.



Farotas de Talaigua, Bolívar.



La cultura es un bien intangible que se construye en base a la memoria de los pueblos, de su historia, sus relatos, cantos, danzas y tradiciones que van desde la tradición oral hasta las Bellas Artes. Y desde épocas coloniales, en el Caribe, grupos indígenas, africanos, canarios, andaluces, cubanos, haitianos, árabes, ingleses, portugueses, holandeses, amén de las demás migraciones que llegaron a nuestro territorio, han parido fiestas y carnavales que han hecho de nuestra región un lugar de pertenencias y saberes, una cultura vernácula que ahora pretenden repartirse entre pocos. Pero no serán ellos quienes borren de un plumazo nuestra historia. No podemos permitirlo, porque si lo intentan, el costo para nuestra cultura será muy alto. No nos engañemos. Con el billete en la mano, la Economía Naranja comercializará al máximo la oferta turística de las regiones para multiplicar sus dividendos, convirtiendo las fiestas de Colombia en un decadente circo de colores y morisquetas falsas fríamente diseñadas por un comité festivo que estará mas cerca del espectáculo que de la realidad cultural que las genera. Se organizarán carnavales sacados de la manga, se saqueará el acervo cultural de algunas regiones para trasladarlas a otras, se inventarán bailes y disfraces y se construirán festejos por decreto en donde brillará por su ausencia la base popular que los origina. Precisamente, en días pasados, Carmen Inés Vásquez Camacho, la ministra de Cultura de Colombia que está a cargo de la venta institucional del proyecto, afirmó: Hemos encontrado en las distintas regiones de la nación una inmensa e inagotable fuente de creatividad y un talento inigualable, con el que el país podría crecer en productividad y desarrolloY con la cuña en la boca añadió: Con el componente naranja, buscamos generar condiciones de sostenibilidad y asociatividad, y el desarrollo de un ambiente propicio para la participación y posicionamiento local e internacional de nuestra cultura, nuestras artes y tradiciones. Adiós luz que te guarde el cielo. Ojalá que con este afán de convertir la cultura en un negocio contante y sonante, las fiestas colombianas no terminen todas luciendo  el mismo disfraz, con idénticos colores, haciendo los mismos gestos y bailando los mismos bailes, en una suerte de Cabaret Tropical como ya viene sucediendo en algunos lugares del país en donde a falta de tradición carnavalera y gracias a una impostura empresarial, terminaron parodiando las representaciones culturales del Caribe colombiano.



Tambores de Cabildo, la Boquilla, Cartagena.



Así como van las cosas y conociendo el origen neoliberal, blanco y excluyente del paquete corporativo de la Economía Naranja, no nos extrañe que en algún momento los funcionarios de turno pretendan oficiar como un tribunal de buenas costumbres y miren con ojos de santo cachón el contoneo pélvico y sensual de nuestros bailes palenqueros, cimarrones y champetúos, intentando censurar los contenidos provocadores y rebeldes de nuestra picaresca caribe, bajo la lupa evangelizadora de lo políticamente correcto y el puritanismo mercantil, por aquello de que Business are Business y lo que no produce billete para los empresarios tampoco debe producirlo para nadie. Protejamos el arte que es el mayor acto de rebeldía que hemos creado los seres humanos. La mercantilización de nuestra cultura y el despojo de nuestra identidad son la estrategia perfecta para ocupar nuestro territorio y dar jaque mate al activismo y al pensamiento disidente y evitar que el arte se convierta en arma de solidaridad y resistencia. Necesitamos una cultura como derecho, no como negocio. Porque el peligro de este “neoliberalismo humanitario” está en que el estado o la empresa privada pretendan controlar e impedir la puesta en escena de otras prácticas culturales distintas a las que ellos proponen. Las dictaduras y los regímenes de derecha conocen muy bien el poder revelador y subversivo del arte y es por eso que sus estrategias siempre van dirigidas a silenciar y controlar el pensamiento creativo. Por eso la insistencia y agresividad con la que el ministerio público y el sector privado están tratando de posicionar y vender este proyecto empresarial que vulnera de manera grave nuestros derechos culturales, anunciando un regreso al colonialismo del saber y del poder. Cuando la empresa privada asume funciones públicas, el derecho de todos comienza a ser usufructuado por una élite que sueña con diseñarlo a su antojo. Este caramelo envenenado llamado Economía Naranja no tiene otro fin que la comercialización de nuestros saberes, a cambio de 15 paupérrimos minutos de fama. Pero seguiremos resistiendo: los pueblos y las culturas tenemos la última palabra. 

Muriel Angulo
Julio 2019























miércoles, 28 de noviembre de 2018

HABLADURÍAS SOBRE EL ARTE CARTAGENERO










Para hablar con propiedad sobre la salud del Arte cartagenero, es necesario volver en la historia y traer a la memoria el Sitio de Cartagena, una maldición que sigue vivita y coleando como en tiempos de Pablo Morillo convirtiendo a La Heroica en una ciudad tomada que se muere de hambre y de inanición por falta de recursos públicos y culturales, a pesar de tener una de las culturas vernáculas mas vigorosas del Caribe y de Colombia, una sabiduría ancestral vitalicia en donde todas las expresiones artísticas y populares conviven en un perfecto amancebamiento las unas con las otras, como si de un gran sistema licencioso se tratara. Así, la literatura se alimenta de la comida nativa condimentada con los mezclas culturales del caribe, la comida hace lo propio con el frenesí de la champeta, la poesía y la literatura se comen el lumbalú de los tambores, así como la pintura y las artes visuales desayunan, almuerzan, comen y hacen la digestión con la ocupación neocolonial que espanta y oprime a los cartageneros. A pesar de este caos creativo en donde la ciudad permanece tomada por extraños y piratas ante la mirada cómplice de las pirañas locales encargadas de allanar el camino a todas las anteriores, existe una conversación fuerte, ágil y vigorosa entre poetas, escritores, artistas visuales, teatreros, músicos, cantantes, bailarines, compositores, sociólogos, antropólogos, cineastas, artesanos y demás actores culturales que activan constantemente dispositivos de resistencia y prenden las alarmas ante el posible arrebato de los dineros públicos destinados a sostener la cultura y el arte cartagenero, como se evidencia en la activa participación que los artistas han tenido en las exigencias y toma de decisiones de los actos de celebración de las Fiestas de la Independencia de Cartagena, un hito patrimonial que reúne todo la tradición oral y el acerbo histórico de nuestra resistencia negra, mulata y mestiza que este año cumplió 206 años de celebración, acciones que confirman que el arte es un contenedor de vida y que dividirlo en cámaras y recámaras termina por matar su esencia. Sin embargo, y a pesar de las rebeldías, las exigencias desde el arte se dificultan en una ciudad que convierte a sus hijos en estatuas de sal ante la más mínima sospecha de desobediencia, aunque la transgresión y la desobediencia sean siempre síntomas de buena salud. A pesar de todo y en medio de la resistencia a estos cataclismos, los artistas inauguramos en Barranquilla el Salón Regional de Artistas del Caribe, una antropofagia caníbal bien curada y bien montada, que va, viene y se devuelve en el tiempo rescatando del olvido a muchos artistas de la región y desconociendo a otros por aquello del libre albedrío de los curadores y dueños del aviso, pero siempre con la clara intención de volver a leer de manera novedosa nuestra historia artística ahora en sintonía con las nuevas brisas de liberación que corren sueltas de madrina por el Caribe. Pero como siempre sucede, estos proyectos llenos de buenas intenciones, pero repletos de enemigos por dentro y por fuera, caen en desgracia al estar enmarcados en una mesa de trabajo institucional, ministerial  y almidonada que ignora que los artistas son la materia prima de todos estos eventos y que son ellos y su obra quienes deben tener antes que nada y que nadie, todos los privilegios.  

Moraleja: Naveguemos la tormenta con manual propio, lancémonos en caída libre, forniquemos el arte sin hora y sin pausa y decidamos de una vez por todas por nosotros mismos, que la autogestión es, el presente y el futuro de nosotros mismos. Aunque decirlo sea una redundancia.

Muriel Angulo
Algunos hechos, exposiciones y obras memorables de 2018”
Esfera Pública
Noviembre 2018.

miércoles, 11 de abril de 2018






TENDRÁS QUE MATARME  PARA VENCERME 








El arte abstracto es para los pájaros, decía Picasso. Y es que vista desde el cielo, Cartagena luce irrealmente bella. El mar Caribe que bordea la ciudad amurallada, la blanca mancha de edificios que navega sobre el mar, el cielo azul con sus atardeceres que parecen predestinados solo para ella. Pero si cerramos un poco los ojos y hacemos foco para mirar mas claramente su belleza, vemos al cerro de la Popa saliendo desde adentro para mirar el mar y despertamos de nuestro sueño al descubrir a miles de cartageneros expulsados de sus tierras ancestrales caminando loma arriba para sembrar su casa, mientras la Ciénaga de la Virgen agoniza putrefacta, invadida por casitas apiñadas, manglares moribundos, basuras y desperdicios. Del otro lado, los blancos edificios, flotan sobre la indiferencia de sus blancos dueños.






Tendrás que matarme para vencerme, fueron las palabras que un campeón de boxeo bolivarense le dijo a su rival antes de subir al ring, como si de paso le estuviera recordando a la sociedad el verdadero significado de su victoria. Y es que la exclusión y la pobreza extrema han convertido a Cartagena en la segunda ciudad mas desigual de Colombia: defenderse a puño limpio de la avaricia ajena y de los paraísos privados ha sido un cotidiano acto de resistencia. A pesar de que la igualdad está consagrada en nuestra constitución como un derecho inalienable, la gran mayoría de la población aborigen y afrodescendiente sigue esperando que el sueño se realice. Es por eso que la champeta, los picós, la tradición oral, la jerga atrevida, el cuerpo insolente, el baile atrevido, el arte y la búsqueda de reconocimiento a través de la música y el deporte, se convierten en actos de resistencia y rebeldía que a pesar de su contundencia quedan registrados como eventos exóticos y reducidos a las secciones de diversión y entretenimiento por unos medios de comunicación que discriminan mientras ocultan la responsabilidad que tiene la clase blanca y privilegiada de Cartagena en la segregación y la pobreza que asfixia la ciudad. No hay que olvidar que detrás de cada medio de comunicación existen poderes económicos, políticos y sociales que vigilan paso a paso la manera en que se construye la noticia, ejerciendo un perverso control sobre el imaginario social de la ciudadanía.






Por eso es de vital importancia preguntarse: ¿De qué manera y para quién informan los medios de comunicación en Cartagena? ¿Sobre que se habla, qué noticias registran? ¿A quién, como, donde, por qué y para qué se visibiliza o invisibiliza? ¿Cómo y a quién se nombra? ¿Por qué se ocultan las causas históricas del hambre y la discriminación en la ciudad? ¿Por qué la prensa escrita no le pone el casacabel al gato de la codicia inmobiliaria culpable de los desplazamientos internos y de la expulsión de los verdaderos dueños de los territorios ancestrales y afrodescendientes de la ciudad? ¿Por qué se hacen los locos ante el negocio de la prostitución que se alimenta de la pobreza, la desigualdad y la ignorancia? ¿Por qué las empresas turísticas no invierten en en la ciudad de la cual se benefician? ¿A quiénes les conviene una sociedad fragmentada, desinformada y subalterna? La acción de ocultar, desinformar y manipular la compleja realidad cartagenera, poniéndola perversamente al servicio de los oligopolios regionales, nacionales y extranjeros, convierte a los medios de comunicación en cómplices de la exclusión, la estratificación y el hambre que existe en la ciudad y en un club privado que se alimenta de la “limpieza social” mediática que ellos mismos generan, privilegiando el orden establecido y posicionando a la clase blanca, social y economicamente poderosa, sobre los demás grupos raciales de de la ciudad.






Cualquiera que abra desprevenidamente un periódico en la Heroica, conocerá de primera mano la manera en que se construye el racismo en una ciudad que es cruce de culturas y cuya población afrodescendiente y aborigen carece de los mas mínimos derechos. Si queremos construir una sociedad justa e incluyente, los medios de comunicación tendrán que abolir los métodos históricamente utilizados en la fabricación del imaginario colectivo de los cartageneros, un sistema discriminatorio que ha impulsado la división entre blancos y negros, ricos y pobres en una suerte de apartheid camuflado, invisibilizando procesos humanos y culturales, avivando la brecha social y propiciando la ocupación neocolonial y centralista de nuestro territorio. Por eso, mientras esto ocurre, debemos seguir dudando, desconfiando y leyendo entre líneas, tratando de unir, vincular y relacionar todo aquello que las empresas de comunicación muy habilmente ocultan, manipulan y fragmentan a su antojo.






Tendrás que matarme para vencerme es una propuesta plástica que habla de la discriminación y resistencia de las poblaciones ancestrales de Cartagena ante las agresiones de una sociedad blanca que destierra y discrimina, apoyada por unos medios de comunicación que han servido de voceros históricos a sus planes de segregación y exclusión. A partir de algunas imágenes y textos tomados de la prensa escrita cartagenera y a través del collage, construyo un territorio comanche, un espacio en disputa en donde hacen vida diferentes fuerzas y narrativas que evidencian aquello que se oculta, invisibiliza, fragmenta y manipula en la fabricación de la noticia, en beneficio de aquellos que la financian y en detrimento de toda una población que sufre las consecuencias de sus invisibilizaciones, vejámenes y atropellos.

Muriel Angulo
Noviembre de 2017



































lunes, 4 de diciembre de 2017

CRÍTICA




INSOLENCIA VIRREINAL
Respuesta a Alvaro Restrepo*





"¿Cartagena se derrumba y los esclavos de rumba?" Así, con esta frase llena de soberbia y descarnadamente racista, el bailarín Alvaro Restrepo da inicio a su diatriba contra las fiestas de Independencia de Cartagena que este 11 de noviembre cumplieron 205 años de celebración popular, en una columna escrita especialmente para el periódico centralista El Tiempo de Bogotá, utilizando un lenguaje excluyente y xenofobico que ratifica la tara discriminatoria que desde los tiempos coloniales sigue intacta en boca de los cartageneros blancos que exudan soberbia y superioridad y que oculta la lacra histórica del esclavista que ha generado e institucionalizado una sociedad de castas en donde solo las clases privilegiadas tienen derecho al placer y a la diversión mientras el pueblo raso debe trabajar día y noche para ellos. Me pregunto si el Colegio del cuerpo dirigido por el señor Restrepo hace parte de uno de estos eximios espectáculos que según sus palabras permiten a la masa acceder a la exquisita superioridad cultural en la que se sitúa el bailarín. ¿Que pensarían de esta humillación neocolonial el escritor, antropólogo y médico cordobés Manuel Zapata Olivella y su hermana Delia Zapata Olivella gran bailarina y folclorista, ambos grandes defensores de nuestra herencia africana? ¡Cultura o barbarie! parece repetir el afamado director ignorando que las tradiciones ancestrales son la fuente en donde beben todas las músicas y las danzas que permanecen en el tiempo. Olvida que las Fiestas de Independencia de Cartagena no son una feria, ni un bazar, ni una festividad cualquiera como despectivamente el pretende demostrar, sino la celebración de un importante hito que el 11 de noviembre de 1811 partió en dos la historia de la ciudad, de la región Caribe y de Colombia. Un carnaval heredero de los cabildos de negros y los toques de tambores que celebraban desde la colonia los hijos de Chango y Yemaya en la ciudad, junto a los areitos que festejaban la herencia de nuestra familia Caribe, celebraciones que se convirtieron en la gran fiesta popular que hace 205 años celebra el día en que Pedro Romero, acompañado de los lanceros de Getsemani, lograron no sólo nuestra independencia absoluta de España y de la Nueva Granada sino la libertad de los negros y mulatos de Cartagena convirtiéndolos en ciudadanos libres con derechos, aboliendo así la humillante condición de esclavos impuesta desde Cádiz por Fernando VII y defendida por la Nueva Granada que continuaba fiel a la monarquia española. Una fiesta centenaria que sigue viva y candente a pesar de la invisibilizacion a la que han querido someterla los cartageneros blancos desde hace más de un siglo, emitiendo normas y decretos que prohibían a "la turba de negros" bailar por las calles de la ciudad con la única intención de ocultar a la Cartagena negra e impedir que "sus movimientos insolentes y atrevidos" perturbaran las buenas costumbres que los blancos cartageneros alentados por el régimen católico e inquisidor que los había satanizado para siempre. Un pecado original que se agiganta de generation en generacion, porque no existe blanco que se respete excento de herencias malditas en una ciudad como esta. Si leemos detenidamente la desafortunada columna de Alvaro Restrepo, publicada -para nuestra desgracia- en un periódico centralista y lo analizamos a la luz de los acontecimientos, vemos como después de un siglo la historia se repite. Y que casualidad que sea ahora, cuando las Fiestas están a un paso de ser declaradas Patrimonio cultural e inmaterial de la nación, vemos cómo sus blancos enemigos regresan como vampiros enardecidos tratando de devorarlas de nuevo. Pero lo que más me sorprende, es que las condenas y recriminaciones que utiliza Restrepo para justificar la prohibición del goce y ordenar el inmediato trabajo forzado del esclavo, sigan desconociendo al esclavista que continúa generando la inequidad social, la desigualdad y la injusticia. ¿Será que el director del colegio del cuerpo pretende domesticar el cuerpo rebelde y festivo de nuestra herencia africana, amanerándolo a la medida de la estética nazi que aborrecía lo popular y amaba la perfección, la pureza y el clasicismo que era para los arios la más sublime expresión de la belleza? Olvida Restrepo que el baile es una de las más fuertes expresiones de resistencia de los pueblos. ¡"Alta cultura" o barbarie! parece repetir. ¿Acaso no es barbarie que la clase alta cartagenera haya perpetuado la ley de castas del pasado manteniendo en la miseria y la ignorancia a las poblaciones más vulnerables de la ciudad? ¿Esa es la cultura elitista a la que se refiere? ¿Con que derecho e insolencia virreinal le ordena al pueblo callar sus cantos, esconder sus picós, suspender sus bailes y amputar sus tradiciones ordenándoles ejercer un trabajo indigno y ocultando la responsabilidad histórica que tienen los cartageneros blancos en la explotación, la segregacion y la criminalizacion de una población con hambre por culpa de su codicia? Es acaso la búsqueda de la igualdad y la exigencia del cumplimiento de todos sus derechos lo que no pueden soportar? Sigo pensando que mientras escribia su airada columna, el señor Restrepo escuchaba plácidamente las Valkirias de Richard Wagner, mientras afuera, en las calles calientes, la algarabia pikotera cumplía con su champetero ritual de hacer gozar a la gente. Es en esa genuina alegría de los negros en donde radica la violenta rabia de los blancos.




Cabildo de Getsemaní. Fiestas de la Independencia de Cartagena.



Muriel Angulo

Cartagena, noviembre 2017