miércoles, 18 de octubre de 2017





LA DOTE
















Llegaron sin nombre. Tampoco tenían familia ni tribu. Sus formas sociales y culturales habían sido arrancadas a destajo para que aprendieran con sangre a mirar como los blancos. Sin embargo, los esclavos africanos vinieron hasta América asistidos por sus dioses tutelares. Excelentes agricultores, abonaron nuestra tierra con sus ritos a la fertilidad, a la lluvia, a la naturaleza. Su memoria ancestral polinizó los cultivos y el suelo dio a luz altivas palmeras que alumbrarían sus frutos más rojos. A la sombra de  relatos y alabados, hombres y mujeres envejecían en las plantaciones. Pero fueron ellas quienes nombraron por primera vez el paisaje perdido y amorosamente inseminaron nuestra lengua, nuestras danzas, nuestra música. La palma les debe a ellas su africanía. La liturgia del recuerdo fue su legado y su dote.

Texto para la exposición y catálogo sobre la Palma Africana.

LA DOTE
Fotomontaje
2002


 







CARTAS A MI HIJA





“Mi hija vive en Miami, Estados Unidos, desde abril del año pasado. Hablamos con frecuencia sobre sus expectativas, sobre lo que hace y lo que no hace, lo que extraña y lo que añora, lo que le sorprende y decepciona de vivir en ese país. Me cuenta de sus planes y frustraciones, y en medio de esas conversaciones lejanas, de esas preguntas que van y vienen, hay algunas que constantemente se repiten, ¿mami, cómo se hace el arroz con coco? ¿y aquel pudín tan delicioso que me dabas cuando llegaba del colegio? Mami, enséñame…de esta manera, día tras día, su necesidad se convirtió en la mía. Reelaboré mis rituales cotidianos y me puse en la tarea de organizar su libro de cocina en la distancia. Ya tengo varias recetas y esta es la primera de ellas.”


Después de la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989, y el fin de la Guerra Fría, se da inicio a un proceso económico, tecnológico, social y cultural de grandes dimensiones, que privilegia las relaciones mercantiles y la sociedad de consumo. Los mercados locales son absorbidos por grandes capitales que privilegian el rol de las empresas multinacionales y el flujo del libre comercio, mientras las culturas pequeñas luchan por no desaparecer bajo el anonimato de la cultura global y mediática. Geopolíticamente, la hegemonía capitalista continúa asfixiando las economías emergentes y desplazando a poblaciones enteras en búsqueda de un lugar donde vivir y desarrollarse. Entre tanto, el individualismo rampante se convierte en un peligroso síntoma de nuestra enfermedad social, que privilegia los beneficios individuales sobre los intereses comunes, una pesadilla que va en detrimento de los vínculos afectivos y las relaciones humanas.

El capitalismo es el aparato de control con mayor ingerencia en la producción de deseo. Es así como las Otras culturas, sus creencias y costumbres, son invisibilizadas por la hegemonía del mercado cultural. La globalización impone reglas económicas a partir de intereses trasnacionales, dejando sin voz a los grupos humanos minoritarios. De esta manera las tradiciones culinarias, hecho de vital importancia en la construcción de sentido, son amenazadas por las políticas neoliberales, poniendo en peligro una de las manifestaciones culturales mas importantes de la experiencia humana. Al preparar las comidas tradicionales, reelaboramos un ritual lentamente madurado a través de los siglos, y al compartirla, nos reconocemos y establecemos vínculos afectivos de pertenencia. Aquello que comemos y la forma en que lo hacemos, constituyen elementos decisivos de nuestra identidad y una de las mejores maneras de comunicar nuestra particular visión del mundo.

Las acciones cotidianas de resistencia o micropolíticas, son sistemas particulares de representación, que activan el deseo, definido por Deleuze como acontecimiento o devenir.

Muriel Angulo
2007


CARTAS A MI HIJA
Fotografía digital
Dimensiones variables
Muriel Angulo
2007










LA ROSA PERFECTA














En el año 2003, comencé a investigar los métodos disciplinarios utilizados en la educación femenina. Tenía muchas inquietudes al respecto debido a que mis experiencias escolares no habían sido las mejores: por medio de la recta disciplina, un poder modesto, suspicaz, cuya función principal sigue siendo enderezar conductas, como afirma Foucault en su libro Vigilar y Castigar, había sido entrenada –al igual que muchas mujeres-, para repetir pasivamente los manuales de comportamiento y buenas costumbres utilizados en las prácticas sociales, políticas y religiosas. Su propósito era y es todavía fabricar mentes dóciles y conformistas para mantener el control de nuestros cuerpos, entrenándolos en el temor, la resignación y la obediencia. Estos medios de coerción usados también por la Iglesia y la Familia, reafirmaron la división binaria de los sexos, concibiendo a una mujer pasiva y débil y a un hombre activo, fuerte y racional. Es así como la religión católica a través de la doctrina del pecado original, la culpa, el miedo y el castigo femeninos, ha sido responsable en buena parte de la visión sexista de nuestro imaginario, logrando que la sociedad castigue severamente cualquier incumplimiento que la mujer haga de las reglas morales. A pesar de las revoluciones sociales y políticas del siglo pasado, se sigue utilizando un lenguaje misógino y patriarcal, desconociendo el histórico debate entre los géneros. Por su parte, los medios de comunicación y la sociedad de consumo, exacerban el mito del Eterno Femenino, engendrando a una mujer sumisa y obediente, que acepta con resignación las violencias que se ejercen contra su propio cuerpo.

Bajo esta percepción y para este proyecto, adopté  el icono de la rosa de las cartillas escolares como leit motiv de mi obra. Establecí una rutina de ejercicios en donde cotidianamente pintaba la imagen de la rosa, cuyo significado de pureza, belleza, perfección y martirio de la Virgen María es usado veladamente en la enseñanza de lo femenino. Día a día repetía la misma acción, saturando obsesivamente el espacio de la tela y sometiendo mi cuerpo a una violencia invisible y silenciosa, que disciplinaba mi mente y postergaba mi deseo. Mi objetivo era lograr, por medio de esa insistente, sorda y reiterativa tarea, que las obras fueran iguales a sí mismas e idénticas a todas las demás. En un obstinado intento de perfección, se muestra la acción de mi cuerpo inscrita en el tiempo del castigo, la paciencia y la mortificación. Cristianas y perversas virtudes que en la práctica se fueron convirtiendo en un obsesivo y seductor dispositivo de control a través del cual ejercía una muda vigilancia sobre mi propio cuerpo.

A medida que el proyecto avanzaba, aumentaban mis preguntas y mis dudas: ¿qué era lo que realmente buscaba?, ¿castigar mi cuerpo?, ¿humillarlo y atormentarlo?, ¿para qué? ¿Era un acto de femenina sumisión, de docilidad, de autocontrol? ¿Con qué fin lo hacía? ¿Qué es ser mujer? ¿De qué manera fuimos educadas? ¿Qué ortopedias usaron? ¿Es la culpa?, ¿de qué?, ¿por qué? la mujer-hembra que obsesivamente había reelaborado, se resistía a continuar. Obedeciendo mis deseos, registré algunas acciones a través de mi cámara de video: Al fascismo del poder nosotros contraponemos líneas de fuga activas y positivas, porque tales líneas conducen a las máquinas del deseo. afirmaba Félix Guattari. Una obra de arte es una experiencia, no una afirmación ni una respuesta, decía Susan Sontag. Yo agregaría que el arte en su devenir es un acto de subversión y resistencia.

Muriel Angulo
Julio 2010


























VICIOS PRIVADOS








  
VICIOS PRIVADOS

En el año 2003, comencé a investigar los métodos disciplinarios utilizados en la educación femenina. Tenía muchas inquietudes al respecto, debido a que mis experiencias escolares no habían sido las mejores: por medio de la recta disciplina, un poder modesto, suspicaz, cuya función principal sigue siendo enderezar conductas, como afirma Michel Foucault en su libro Vigilar y Castigar, había sido entrenada para repetir pasivamente los manuales de comportamiento y buenas costumbres.

Estos métodos de coerción administrados por el Estado, la Iglesia y la Familia, justificaron durante siglos los comportamientos misóginos y patriarcales, engendrando a una mujer sumisa y obediente, que acepta con resignación las violencias que se ejercen contra su propio cuerpo. A pesar de la revolución política, social y cultural que ha significado el movimiento feminista, la industria del entretenimiento y la sociedad de consumo continúan recaudando millonarias ganancias, mediante la explotación del culto al eterno femenino, un mito que elogia por un lado a la madre abnegada y su rol doméstico, y por otro, la mujer irresistible, de sexualidad diabólica e insaciable: dos estereotipos contrarios que conjugan la virtud y el pecado, y la excluyen de los asuntos esenciales de la vida. A través de un sutil dispositivo de control, la mujer acepta pasivamente su destino, ejerciendo un mudo espionaje sobre su propio cuerpo. Y es aquí en donde surgen las preguntas: ¿Qué es ser mujer? ¿De qué manera fuimos educadas? ¿Qué ortopedias usaron? ¿Es la culpa?, ¿de qué?, ¿por qué?, No se nace mujer, se llega a serlo, afirmaba Simone de Beauvoir.

Con el propósito de evidenciar dentro de mí aquellos comportamientos, decidí enfrentarme a las diferentes voces que me construyen: diseñé un sistema de vigilancia sobre mi propio cuerpo, repitiendo día a día la misma acción y convirtiéndome en juez y verdugo de mi misma, mientras grababa, con ayuda de una cámara de video, mis reacciones durante el proceso: Al fascismo del poder nosotros contraponemos líneas de fuga activas y positivas, porque tales líneas conducen a las máquinas del deseo, afirmaba Félix Guattari. Una obra de arte es una experiencia, no una afirmación ni una respuesta, decía Susan Sontag. Yo agregaría que el arte en su devenir es un acto de subversión y resistencia.

Muriel Angulo
2012


FICHA TECNICA

VICIOS PRIVADOS

MURIEL ANGULO

8’01’

2005






PARA PABLO









PARA PABLO

En marzo del año 2005, mi hijo me anunció la llegada de mi primer nieto. La noticia, que había llegado por sorpresa, generó en mi muchas preguntas. Algunas de ellas, aparentemente simples, hablaban de como sería, a quién se parecería, cuál sería su nombre; pero otras dudas me inquietaban: ¿cómo darle amor en un momento tan convulsionado? ¿cómo hacerlo en un país como Colombia tan carente de espacios afectivos?

Por experiencia propia sabía que la celebración de la vida pasaba por el rito cotidiano del amor y que alimentarlo, cuidar su sueño y calmar su llanto eran las primeras formas de quererlo. Me pregunté entonces cuál sería la mejor manera de rehacer esos espacios amorosos, cuál sería mi papel de abuela si era que lo tenía, y de qué manera podía intentarlo.

Haciendo memoria de todos aquellos rituales, el susurro de una canción de cuna era el que más recordaba. Las nanas conmemoraban la voz, el afecto, los latidos del corazón. Esas canciones cortas que me habían ayudado a dormir a mis hijos, eran protecciones tempranas que el amor se inventaba y eran también el primer paso para vincular a Pablo con el mundo de los afectos. De esa manera les pedí a mis familiares y amigos, que como regalo de nacimiento, le cantaran una canción de cuna para dormirlo.

Adelanté mi proyecto entre Bogotá, Cartagena y Barranquilla y una tarde, mientras adelantaba mis grabaciones en esta última, nos sorprendió un terrible aguacero. Desde la ventana de la habitación de Pablo, veíamos cómo las aguas lluvias se salían de madre, arrastraban todo a su paso y corrían enloquecidas a lo largo de la calle 84. La furia del arroyo estremecía los árboles y revolcaba los carros hasta hacerlos desaparecer debajo de las aguas. El universo cotidiano se había convertido en un espacio mítico, más cercano a las leyendas que a la vida real. Busqué mi cámara y en medio del aturdimiento y del asombro, me dispuse a grabar lo que veía. Las imágenes del arroyo mostraban un país a la deriva, irracional y abandonado a su suerte. Eran los mitos de la inundación, esta vez recreados por los humanos.

Al día siguiente, revisando de nuevo el material grabado, conecté los hechos y me dispuse a narrarlos. Encontré que si establecía un diálogo entre la imagen de Pablo dormido y la toma improvisada y emotiva del arroyo, el resultado podría tener enormes posibilidades expresivas. Me propuse entonces trabajar el sonido de las canciones de cuna a modo de contrapunto, como elemento independiente de la imagen, para que abriera su significado. Callar el arroyo para escuchar el arrullo era exactamente lo que estaba buscando. En ese momento, el proyecto comenzó a tener sentido. “Esas canciones cortas que me habían ayudado a dormir a mis hijos, eran protecciones tempranas que el amor se inventaba”.

Muriel Angulo
2006


FICHA TECNICA
Videoinstalación
PARA PABLO
MURIEL ANGULO
3’20”

2006