miércoles, 28 de noviembre de 2018

HABLADURÍAS SOBRE EL ARTE CARTAGENERO










Para hablar con propiedad sobre la salud del Arte cartagenero, es necesario volver en la historia y traer a la memoria el Sitio de Cartagena, una maldición que sigue vivita y coleando como en tiempos de Pablo Morillo convirtiendo a La Heroica en una ciudad tomada que se muere de hambre y de inanición por falta de recursos públicos y culturales, a pesar de tener una de las culturas vernáculas mas vigorosas del Caribe y de Colombia, una sabiduría ancestral vitalicia en donde todas las expresiones artísticas y populares conviven en un perfecto amancebamiento las unas con las otras, como si de un gran sistema licencioso se tratara. Así, la literatura se alimenta de la comida nativa condimentada con los mezclas culturales del caribe, la comida hace lo propio con el frenesí de la champeta, la poesía y la literatura se comen el lumbalú de los tambores, así como la pintura y las artes visuales desayunan, almuerzan, comen y hacen la digestión con la ocupación neocolonial que espanta y oprime a los cartageneros. A pesar de este caos creativo en donde la ciudad permanece tomada por extraños y piratas ante la mirada cómplice de las pirañas locales encargadas de allanar el camino a todas las anteriores, existe una conversación fuerte, ágil y vigorosa entre poetas, escritores, artistas visuales, teatreros, músicos, cantantes, bailarines, compositores, sociólogos, antropólogos, cineastas, artesanos y demás actores culturales que activan constantemente dispositivos de resistencia y prenden las alarmas ante el posible arrebato de los dineros públicos destinados a sostener la cultura y el arte cartagenero, como se evidencia en la activa participación que los artistas han tenido en las exigencias y toma de decisiones de los actos de celebración de las Fiestas de la Independencia de Cartagena, un hito patrimonial que reúne todo la tradición oral y el acerbo histórico de nuestra resistencia negra, mulata y mestiza que este año cumplió 206 años de celebración, acciones que confirman que el arte es un contenedor de vida y que dividirlo en cámaras y recámaras termina por matar su esencia. Sin embargo, y a pesar de las rebeldías, las exigencias desde el arte se dificultan en una ciudad que convierte a sus hijos en estatuas de sal ante la más mínima sospecha de desobediencia, aunque la transgresión y la desobediencia sean siempre síntomas de buena salud. A pesar de todo y en medio de la resistencia a estos cataclismos, los artistas inauguramos en Barranquilla el Salón Regional de Artistas del Caribe, una antropofagia caníbal bien curada y bien montada, que va, viene y se devuelve en el tiempo rescatando del olvido a muchos artistas de la región y desconociendo a otros por aquello del libre albedrío de los curadores y dueños del aviso, pero siempre con la clara intención de volver a leer de manera novedosa nuestra historia artística ahora en sintonía con las nuevas brisas de liberación que corren sueltas de madrina por el Caribe. Pero como siempre sucede, estos proyectos llenos de buenas intenciones, pero repletos de enemigos por dentro y por fuera, caen en desgracia al estar enmarcados en una mesa de trabajo institucional, ministerial  y almidonada que ignora que los artistas son la materia prima de todos estos eventos y que son ellos y su obra quienes deben tener antes que nada y que nadie, todos los privilegios.  

Moraleja: Naveguemos la tormenta con manual propio, lancémonos en caída libre, forniquemos el arte sin hora y sin pausa y decidamos de una vez por todas por nosotros mismos, que la autogestión es, el presente y el futuro de nosotros mismos. Aunque decirlo sea una redundancia.

Muriel Angulo
Algunos hechos, exposiciones y obras memorables de 2018”
Esfera Pública
Noviembre 2018.

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